
Ver películas y leer libros son dos de mis mayores pasiones. Es una especie de culto a la creatividad durante mis tiempos libres. Formas de expresión que no sólo me entretienen, también me ayudan a fantasear de manera verosímil. Es como experimentar momentos en otras épocas, en realidades parelelas. Por eso puedo permanecer despierto hasta las dos o tres de la madrugada con el DVD player como principal aliado.
“Cuando Tarantino llega a su casa de noche, después de una doble función nocturna, a veces entra solo al cine que se ha construído allí y mira una tercera película. Luego, a las tres de la madrugada, cuando está extenuado y casi a punto de quedarse dormido, se pone a ver una cuarta. Son películas de las que nadie, excepto él, ha oído hablar” (Larissa Macfarquhar).
En este espacio no pretendo distinguir las películas buenas de las malas. Sencillamente, trato acerca de lo que me parece interesante. Desde lo que Tarantino llama hangout movies hasta las películas más consagradas, pasando por las poco comerciales que confirman su calidad con el recuerdo de los amantes del culto cinematográfico, y no necesariemente con un Oscar o un Emmy.






